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martes, 3 de marzo de 2026

8 de Marzo: La mujer y las Matemáticas

 


El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha dedicada a visibiliza la lucha histórica por la igualdad de derechos y la participación plena de las mujeres en la sociedad.

En la historia de las matemáticas siempre se habla de  importantes matemáticos varones sin embargo rara vez se mencionan a mujeres que han sido partícipes en la construcción de los conocimientos matemáticos. El número de éstas es menor,  lo que no significa que  sean menos capaces de desarrollar estos conocimientos; sino que han sido discriminadas y no se les permitía tener acceso a este tipo de conocimiento o educación, y las pocas que lo lograron encontraron muchas dificultades en el camino e incluso fueron mal consideradas.

Ya lo decía  Gauss (matemático) en una de sus cartas a Sophie Germain (matemática del siglo XVIII): El placer por las ciencias abstractas y por el misterio de los números es extraño, ya que la maravilla de esta ciencia solo se manifiesta a los que tienen el coraje de profundizar en ella. Pero una mujer, a causa de su sexo y nuestras costumbres y prejuicios, encuentra infinitamente más obstáculos y dificultades que un hombre para familiarizarse con los problemas de la Matemática. […]”.

Como no podemos hablar de todas en esta breve reseña nos vamos a centrar en solamente en cinco grandes señoras,  como muestra importante e interesante.

Gabrielle Émile de Breteuil, marquesa de Châtelet


Nació en París en 1706 en una familia aristócrata de buena posición.  Su padre Louis-Nicolas le Tonnelier de Breteuil, barón de Preuilliy al considerarla poco bella decide darle a Émilie, al igual que al resto de sus hijos varones, la mejor educación posible; así desde los seis años Émilie, recibió una selecta educación rodeada de un entorno intelectual frecuente en su casa. Estudió latín y griego, alemán, inglés, matemáticas y física y también se interesó por la música. Para sorpresa de su padre, cuando comenzó a hacerse mayor desarrolló una gran belleza además de ser muy inteligente. Algunas de sus obras: Las instituciones de la física, Ensayo de óptica, Disertaciones sobre la naturaleza y la propagación del fuego, Discurso sobre la felicidad Además tradujo los Principios de Newton y se dedicó a la divulgación del cálculo diferencial e integral. En una época donde la educación en las ciencias era prácticamente exclusiva para los hombres ella, dada su posición social tuvo la fortuna de recibir estos conocimientos y realizar nuevas aportaciones a la ciencia.

    Sophie Germain


Nació en Escocia en 1780. Pasó su infancia en contacto con la naturaleza, alejada de la ciudad. Hasta los diez años era prácticamente analfabeta. Su padre la envió a un internado a los trece años, al darse cuenta de que era una “joven salvaje”, que no poseía ni la educación ni el refinamiento propio de una señorita. Poco a poco fue despertando en ella el interés por la ciencia; tuvo que luchar contra la oposición de su familia, que creía que el estudio de las matemáticas, del pensamiento abstracto, podía deteriorar la salud de la mujer. Por orden de su padre asiste a clase de piano, danza y costura, mientras, por la noche, estudiaba ciencias a escondidas.

Mary Somerville fue astrónoma, matemática, geógrafa, escritora y científica autodidacta. A través de su obra, muy prolífica y multidisciplinar, contribuyó a difundir la ciencia en todos sus campos. Destacó por el estilo sencillo, riguroso y didáctico con el que consiguió hacer de la ciencia algo asequible para todos. Sus libros fueron utilizados como libros de texto en Inglaterra hasta principios del siglo XX. Luchó durante toda su vida por conseguir el derecho al sufragio y el acceso a la educación de las mujeres.

1-   Sofía Kovalévskaya, la primera  Matemática Doctora en el mundo


Sofía Kovalévskaya (Moscú, 15 de enero de 1850- Estocolmo, 10 de febrero de 1891) fue una matemática y escritora rusa  que hizo contribuciones significativas en los campos del análisis, las ecuaciones diferenciales y la mecánica.

Nacida y criada en el seno de una familia rusa de buena formación académica. Desde los ocho años vivió en Políbino, en una casa donde se respiraba un denso ambiente cultural y científico. Amaba desde niña la lectura y la poesía  y llegó a cultivar con éxito la autobiografía, la novela y el teatro. Pronto adquirió un pensamiento muy independiente, influido por su hermana mayor, la socialista Anna Jaclard; además, dos de sus tíos le inculcaron el amor al saber: uno era un auténtico apasionado de la lectura y era un matemático aficionado; el otro le enseñó  ciencias y biología.

Bajo la guía del preceptor de sus hermanos I.I. Malévich. Sofia comenzó sus primeros estudios reales de matemáticas. A los trece años empezó a mostrar muy buenas cualidades para el  álgebra. Acerca de esa época escribió: Comencé a sentir una atracción tan intensa por las matemáticas, que empecé a descuidar mis otros estudios.

Pero su padre, un teniente general de artillería al que le horrorizaban las mujeres sabias, decidió interrumpir las clases de matemáticas de su hija. Aun así, Sofia siguió estudiando por su cuenta libros de álgebra y pidió prestado un ejemplar del Álgebra de Louis Bourdon que leía por la noche cuando el resto de la familia dormía. Así, aquello que nunca había estudiado lo fue deduciendo poco a poco.


Para poder seguir unos estudios científicos en el extranjero, puesto que Rusia no daba pasaportes a mujeres solteras, ni permitía que una mujer viviera separada de su familia, Kovalévskaya pactó un matrimonio de conveniencia a los 18 años con el  paleontólogo Vladímir Kovalevski   juntos viajaron a Viena. Y ella se inscribió en la  Universidad de Heidelberg en 1869 y siguió allí los cursos de Hermann Ludwing von Helmholtz y Leo Lonigsberber  

Estos profesores le aconsejaron marchar a  Berlín a recibir clases de Karl  Weierstrass (matemático, padre del análisis moderno), pero de forma privada, las mismas que éste impartía en la universidad, ya que ésta no permitía la formación de mujeres. Karl Weierstrass lo hacía con gusto, pues era una de sus mejores discípulas. Al mismo tiempo que estudiaba, comenzaba su trabajo de doctorado. Empezó a investigar sobre tres tesis en noviembre de 1872: dos memorias sobre matemáticas y una sobre astronomía.  La primera era sobre ecuaciones con derivadas parciales, en la que consiguió corregir y mejorar un resultado de Cauchy  (enunciando y demostrando lo que hoy se llama el  Teorema de Cauchy- Kovalévskaya). La segunda era un estudio sobre las integrales abelianas y la tercera explicaba la forma de los anillos de Saturno.

Por estas tres memorias obtuvo el título de doctora summa cum laude en la Universidad de Gotinga  en 1874, siendo la primera mujer en obtener este título no solo en Alemania, sino en el mundo. Weierstrass le había buscado una universidad que aceptase doctorar a una mujer, por más que, como él decía, cada uno de estos tres trabajos hubiera bastado por sí solo para hacer una tesis doctoral; lo consiguió a condición de que no pasara el examen oral, esto es, Sofía se doctoró in absentia.

Volvieron entonces a Rusia, pero ella no encontró modo de ejercer su oficio de matemática ni convalidar su título; además, una especulación inmobiliaria prácticamente arruinó a la pareja, que atravesó entonces por grandes estrecheces económicas, agravadas al nacerles una hija, Sofía (Fufa), el 17 de octubre de 1878. Tras unos años de interrupción, volvió en 1880 a las matemáticas, aunque su marido subestimaba sus cualidades científicas; tradujo su disertación al ruso y la presentó a un congreso en ese mismo año. Para escapar de los acreedores se mudaron a Moscú, donde ella asistió regularmente a los eventos de la Sociedad Matemática de Moscú.

Estaba nuevamente tan fascinada por las matemáticas que decidió viajar a Berlín durante dos meses para actualizarse y conectar con las investigaciones recientes. Como ya no podía ayudarle, dejó en marzo de 1881 a su esposo, que ahora se había enredado en otro ruinoso negocio petrolero, y a finales de año se mudó a  París con su pequeña hija. En 1882, ya había conocido a los matemáticos franceses más importantes y, en julio, fue aceptada en la Sociedad Matemática de París.

Sofía pudo trabajar a prueba durante un año en la Universidad de Estocolmo  en 1884 como Privatdozent (profesor que recibía salario de sus alumnos en lugar del gobierno). La decisión no gustó nada a los machistas: en agosto de 1884 el dramaturgo August Strindberg  escribió en un periódico lo siguiente:

Que una mujer sea profesora de matemáticas es un fenómeno perjudicial y desagradable, en efecto, e incluso se podría llamar monstruoso. La invitación de esta mujer a Suecia, cuando sobran profesores varones que superan con creces sus conocimientos, solo puede explicarse por la cortesía que los suecos tienen hacia el sexo femenino. 

Aunque empezó dando clases en alemán, a los seis meses ya había aprendido el sueco. Durante este tiempo, Sofía escribió el más importante de sus trabajos, que aportaba una nueva solución a uno de los problemas que más habían atribulado a matemáticos famosos: la rotación de cuerpo sólido en torno a un punto fijo, problema tan difícil que la Academia de Ciencias de Berlín había propuesto un premio hacia 1850 sin obtener ningún resultado. Y por su trabajo innovador y original sobre este tema obtuvo el premio Bordin de la Academia de Ciencias de París (1888), y el de la Academia de ciencias de Estocolmo al año siguiente. Además le dieron un puesto permanente de profesora en la Universidad de Estocolmo, convirtiéndose así en una de las primeras mujeres profesoras de Universidad de Europa.

Falleció de neumonía a la temprana edad de cuarenta y un años, el diez de febrero de 1891. Está enterrada en el cementerio del Norte de Estocolmo.

Entre sus trabajos, figuran: Sobre la teoría de las  ecuaciones diferenciales  que apareció en la  Reviste de Crelle y Sobre la rotación de un cuerpo sólido alrededor de un punto fijo.

El cuento homónimo del libro Demasiada felicidad, del Premio Nobel de Literatura, Alice Munro,  está inspirado en la vida de Kovalévskaya.

María del Carmen Martínez Sancho, primera Doctora española en Matemáticas


Desde su fundación, en 1911, y hasta el fin de la Guerra Civil, en el 36, la Sociedad Matemática Española sumó tan solo doce socias. En ese contexto fraguó su carrera uno de los nombres más destacados de las Matemáticas españolas de principios del siglo XX: María del Carmen Martínez Sancho, la primera mujer del país en lograr un doctorado en Matemáticas y una cátedra de instituto en esa misma disciplina.

Como otras muchas grandes investigadoras del primer tercio del siglo pasado, su carrera no estuvo libre de dificultades y se vio favorecida por el clima intelectual generado por la Institución Libre de Enseñanza (ILE) y la Junta para la Ampliación de Estudios (JAE). Gracias a una pensión de dieciocho meses concedida por esta última entidad, de hecho, pudo viajar a Berlín en 1931, donde estudió “Geometría multidimensional” con grandes eruditos.

Además de abrir caminos en el doctorado y la cátedra de instituto, Martínez Sancho destacó en su faceta de investigadora y docente y desempeñó cargos destacados en la Sociedad Matemática Española. En 1927, con apenas 26 años, la directiva de Octavio de Toledo –a propuesta de Álvarez Ude– la nombró vocal de la junta; y solo unos meses después, a mediados de 1928, se incorporó al comité de redacción de la Revista Matemática Hispano-Americana, dirigida entonces por Álvarez Ude.

María del Carmen Martínez Sancho es la única mujer en 1928 de la Junta Directiva de la Sociedad Matemática Española.

Martínez Sancho se doctoró en Ciencias Exactas en 1928, lo que la convirtió en la primera doctora española en Matemáticas. Ese mismo año protagonizaba otro hito al ser nombrada catedrática numeraria de Matemáticas del Instituto de Ferrol. En el centro gallego sin embargo –recoge Millán Gasca– “encontró una fuerte oposición a las ideas y métodos renovadores que había conocido en el Instituto-Escuela”.

Su estancia en Ferrol fue breve. En 1929, recién fundados los institutos femeninos de Madrid y Barcelona, se trasladó al Instituto Infanta Beatriz. Tampoco allí permanecerá mucho tiempo. Solicitó una pensión a la JAE para estudiar dieciocho meses en Alemania que pudo disfrutar con la entrada del año 1931. Antes pasó un período fugaz, de unos pocos meses, en el Liceo de Guadalajara, donde ocupó la vacante que había dejado el catedrático José Antonio Sánchez Pérez. De vuelta de Alemania, en 1932, se incorporó como catedrática de Matemáticas al Instituto-Escuela de Sevilla. Allí se casará con Alberto Meléndez –algunos artículos y libros lo identifican como Menéndez–, un empleado del Banco de España.

 Entre los dos dirigen la residencia estudiantil del centro, una labor que se verá tajantemente interrumpida por el estallido de la Guerra Civil. Como ocurrió con las instituciones inspiradas en la ILE, la Dictadura clausuró el centro hispalense. Un año después y gracias a la intermediación de su exalumno Manuel Lora-Tamayo –quien llegó a ser ministro de Educación y Ciencia y presidente del CSIC durante el régimen franquista– fue trasladada al Instituto Femenino Murillo de Sevilla.

Solo durante unos años, en la década de los 50, ejerció como profesora de Matemáticas en la Universidad de Sevilla para alumnos de Químicas. Natividad Araque recoge algunas anécdotas de este período que reflejan su generosidad y gran pasión por la docencia. Destaca una ocasión en la que, tras enterarse de que una alumna no podía acudir al instituto porque se había roto una pierna, decidió trasladase hasta su casa y darle clases particulares. Tras su jubilación, en 1974, se trasladó a Madrid, donde siguió entregándose a su profunda vocación docente. De forma altruista dio clases en Vallecas. Murió a finales de 1995, con 94 años. En 2001 el Ayuntamiento de Sevilla bautizó una calle con su nombre.

Emma Castelnuovo 


Fue una profesora  y matemática italiana destacada por su trabajo innovador en el enfoque didáctico de las matemáticas.

Fue  Licenciada en Matemáticas en 1936. En 1938 gana una cátedra para enseñar en el nivel secundario pero es destituida por las leyes contra los judíos del gobierno de Mussolini, de manera que, al iniciar la guerra en 1939 y la ocupación nazi de Italia, trabaja en la Escuela Israelita de Roma, organizada en ese período. En 1943 la familia Castelnuovo escapa y se refugia en casas de amigos, hospitales e instituciones religiosas donde actuó en forma clandestina como profesora de refugiados y perseguidos. ​ En 1944, al finalizar la guerra, obtuvo su cátedra en una Escuela Estatal de Enseñanza Secundaria de primer ciclo y comenzó a trabajar en el Instituto Tasso de Roma. Permaneció en la institución hasta su jubilación en 1979.

Ha estado presente en los congresos organizados por las sociedades de educación matemática en diversas partes del mundo. Su nombre aparece en la Sociedad Madrileña de Profesores de Matemáticas que se llama Emma Castelnuovo.

La enseñanza de Emma Castelnuovo se caracteriza por un enfoque que parte de la observación y que pone al estudiante en el Centro: uno de los resultados más conocidos de su forma de enseñar son las exposiciones de matemáticas en las que se exhibieron carteles y "aparatos matemáticos" creados por sus estudiantes durante las clases. Su metodología promueve la participación activa en la construcción del conocimiento como condición para el verdadero aprendizaje.

 


En 1951 es nombrada miembro de la Comisión Internacional para el Estudio y Mejora de la Enseñanza de las Matemáticas (CIEAEM), creada con el objetivo de estudiar las condiciones de la enseñanza de las matemáticas y analizar modificaciones para su mejora. Allí conoce y trabaja con PiagetCaleb GattegnoPuig Adam y otros matemáticos.

En los años 70 y 80 participó en un programa para formar profesores de  Níger donde viajó en tres ocasiones, convencida de que las matemáticas son «una parte integrante de la emancipación humana», preocupada por las desigualdades sociales y el medio ambiente, en el momento que empezaba a despertarse el interés por estos asuntos. «En los ejemplos y ejercicios que ponía en clase utilizaba datos que propiciaran que sus alumnos aprendieran y reflexionaran sobre esos temas».

Ha sido autoras de un buen número de libros didácticos y libros de textos que siguen vigente actualmente como podemos ver en el enlace:

Emma Castelnuovo - Wikipedia, la enciclopedia libre

PARA LOS MÁS CURIOSOS

En los siguientes enlaces mostramos una lista de importantes mujeres matemáticas, así como una breve historia de su vida y aportaciones.

Mujeres Matemáticas en la Historia-Parte I | Raza Cósmica (razacosmica.mx)

Mujeres Matemáticas en la Historia-parte II | Raza Cósmica (razacosmica.mx)

El siguiente enlace nos habla de las mujeres matemáticas españolas y  las dificultades en desarrollar su trabajo.

El drama de las mujeres matemáticas españolas (elcorreo.com)



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